
Mi nombre es la destrucción del pensar,
las murallas del pasado en vientres abortados
(recuerdos) ellos, éstos,
están descolocando mis sueños.
Tengo temor al dormir en cada letra,
intentando sumar mi destino
en una habitación caótica,
tan parecida a mi ego extinto
sobre algún par de miradas.
El nombre de Dios es tu casa
está poblada con millones de heridas,
sed con venganza
que sería nuestro suicidio,
evocando ambiguos difuntos.
Tu nombre es mi descarnación,
las vísceras en la taza de té
el descontrol interno,
esas cenizas resurgiendo
de la cena donde te corté
con violentas armonías descoordinadas
¡Los nombres perjudican los síntomas,
mi alteración está en pánico!
